Abrió la puerta a los Pedro Delgado, Miguel Induráin y Alberto Contador, entre otros, que más tarde triunfaron en la clásica francesa. Lo hizo con una meritoria victoria en 1959 que se sumó a las seis ocasiones en las que se hizo con el maillot de la montaña.
Bautizado como 'El Águila de Toledo' en honor al ave bicéfala del escudo de su ciudad, se decía de Federico Martín Bahamontes que su superioridad cuando la pendiente se ponía dura le llevó a esperar a sus rivales en varias cimas en un ciclismo muy diferente al de hoy en día.
El verano en el que ganó la 'Grande Boucle' se dio un auténtico baño de multitudes en su llegada a Toledo: "Ni a Franco ni al Papa le han recibido así", relató él tras vivirlo desde dentro. Fue un verdadero soplo de aire fresco para una sociedad que aún vivía azotada por las secuelas de la posguerra y estaba poco acostumbrada a celebrar victorias.
Tanto el Giro de Italia en una ocasión, como la Vuelta a España en dos, también le vieron coronarse como rey indiscutible de la montaña. Son sólo algunos de los logros de un hombre cuyo legado perdurará para la eternidad. Para facilitar su recuerdo, en 2018 se instaló en el Paseo del Miradero de Toledo una estatua que muestra a Bahamontes, cuyo nombre real era Alejandro, erguido sobre su bicicleta en medio de una ascensión.
