El ciclismo español está de luto por la muerte de Ángel Arroyo, fallecido este lunes a los 70 años después de una larga enfermedad. Natural de El Barraco, Ávila, el excorredor fue uno de los grandes referentes españoles de comienzos de los años 80 y una pieza fundamental en el crecimiento del Reynolds, estructura que con el paso de los años desembocaría en Banesto y posteriormente en el actual Movistar Team.
El momento más importante de su trayectoria llegó en el Tour de Francia de 1983. Arroyo terminó segundo en la clasificación general, únicamente superado por el francés Laurent Fignon, y devolvió al ciclismo español a los primeros puestos de la ‘Grande Boucle’ después de varias temporadas con escaso protagonismo. Su irrupción, junto a la posterior consolidación de corredores como Pedro Delgado, contribuyó a abrir una nueva etapa para España en las grandes vueltas.
Su carrera también estuvo marcada por uno de los episodios más controvertidos de la historia de la Vuelta a España. Arroyo terminó como ganador de la edición de 1982 sobre la carretera, pero posteriormente fue despojado del título. Pese a aquel desenlace, su actuación confirmó su condición de corredor preparado para disputar las grandes carreras por etapas y anticipó el segundo puesto que conseguiría un año después en el Tour.
La influencia de Arroyo trascendió además sus propios resultados. En su honor, Víctor Sastre, padre del futuro campeón del Tour Carlos Sastre, creó en El Barraco la Peña Ciclista Ángel Arroyo. Aquella cantera terminaría vinculada al desarrollo de ciclistas como José María ‘Chava’ Jiménez, Carlos Sastre, Pablo Lastras o Paco Mancebo. Su muerte despide así no solo a uno de los mejores ciclistas españoles de su generación, sino también a una figura que ayudó a construir el camino que recorrerían las siguientes generaciones.
