En tres semanas, Gilberto Mora estará cumpliendo 18 años, edad en la que se convertirá en mayor de edad de acuerdo con las leyes mexicanas. A la par de adquirir su derecho a votar, el futbolista de Xolos espera comandar la renovada ilusión del futbolero mexicano con su selección nacional.
Con un Mundial en su haber, ante la mirada atenta de todo el país, Mora espera superar la expectativas que se tienen sobre él. El juvenil criado en Tijuana no ha dado muestras de haber perdido el piso y esa madurez ha sido clave para que Márquez no tenga empacho en darle la importancia que su jerarquía exige por sí sola.
Para consolidar dicha confianza, Mora usará el dorsal ’10’ del Tri, tal como lo hace en Xolos. Valorado por propios y extraños, el mediocampista mexicano no oculta sus intenciones de redefinir para siempre un numero desde donde han salido varias de las alegrías que el combinado nacional ha dado a su gente.
El reciente historial del ’10'
Mora tomará un dorsal que ha estado huérfano pasional en los últimos tres Mundiales, debido a las pobres actuaciones individuales de Giovani dos Santos (2018) y Alexis Vega (2022 y 2026). A diferencia de ellos, se espera que la nueva joya mexicana cumpla con lo que la gente espera de él.
Antes que ellos, con dos Santos llevando el dorsal ’10’ también en Brasil 2014, estuvieron Cuauhtémoc Blanco, Guillermo Franco y Luis García. Dejando de lado al canterano de Pumas y sus inolvidables goles ante Irlanda en 1994, fue el ídolo americanista quien más cumplió con lo que el doble dígito exige.
Construir idolatría
El anhelo multitudinario de la gente con Mora no parte de la simple e infalible esperanza, sino de lo mostrado hasta ahora por el nacido en Chiapas. En poco más de dos años desde su debut, no dejó ver carga alguna vestido de verde o siendo el mejor jugador de Xolos; argumentos sólidos para que los próximos cuatro años sea la figura a seguir en el fútbol mexicano.
Pero, aunque existen episodios de corta emoción en el arito del fútbol mexicano, Mora tiene la misión de encumbrar el dorsal en la memoria colectiva de una afición necesitada de gloria perpetua. El mediocampista espera corresponder a la idolatría que la gente la ha entregó a raudales durante el Mundial.
