"En el barrio de Lamine Yamal, cuesta llegar a fin de mes". La frase está grabada directamente en el cemento, en los escalones que bordean el city donde cada noche se reúnen los jóvenes de Rocafonda. Es un recordatorio para todos los que vienen a sacarse una foto delante del mural de Lamine Yamal. Lamine Yamal Nasraoui Ebana que son su nombre y apellidos completos, adorna este campo con dos porterías sin red, el suelo desgastado por interminables partidos de fútbol y las vallas que evitan, o casi, que el balón salga rodando hacia la avenida que baja junto al campo.

Cada noche, el ritual se repite: en cuanto baja un poco el sol, los equipos se suceden con tiempo limitado para cada uno, el arbitraje lo hacen los propios jugadores y, sorprendentemente, hay muy poca pillería. Un poco más allá, los más pequeños entrenan inventándose porterías en la propia valla. Su balón acaba a menudo en el campo de los mayores, sin que nadie diga nada. Igual que cuando alguien cruza el partido con su carrito de la compra para llegar a su edificio. El juego es lo primero, pero la vida del barrio no se detiene por ello.
"Una imagen para no perderse"
En este campo, Salim, de nueve años, espera pacientemente su turno para jugar. Lleva una camiseta rosa falsa del Barça con el nombre de Lamine Yamal en la espalda. Tenía solo seis años cuando el crack local debutó con el FC Barcelona y lo resume así: "Es un jugador que venía aquí, entrenaba, jugaba con sus amigos y cada vez aprendía, mejoraba. Y ahora ha llegado a lo más alto". Ronnie no esconde su orgullo de entrenar cada noche bajo la mirada de Lamine Yamal: "Miramos el mural todos los días. Es una inspiración: verlo jugar en los campos de nuestro barrio y luego en la final del Mundial nos representa mucho, nos hace sentir muy orgullosos". Aarón, de 10 años, explica tímidamente: "Es el mejor jugador del mundo. Es un ídolo a seguir".

Sentada en esos escalones blancos que delimitan la zona de juego, su madre Elisabeth lo vigila de reojo, recién salida del trabajo, como cada noche: "Aquí, todos los niños, y sobre todo muchos padres de origen africano, sueñan con que sus hijos sean como él. (...) Esperamos sobre todo que siga siendo un ejemplo para el futuro, una imagen para no perderse, porque los niños quieren imitarlo en todo. Mi hijo quiere tener todo lo que él tiene".
Lamine Yamal hace todo lo posible por mantener, al menos simbólicamente, el vínculo con Rocafonda, donde él y sus padres se instalaron tras su nacimiento. Un barrio "marginado y estigmatizado", donde más de 11.000 habitantes de 35 nacionalidades diferentes se hacinan en edificios de cinco o seis plantas sin ser realmente tenidos en cuenta por las autoridades. En cada uno de sus goles, el delantero forma con los dedos tres cifras: 3-0-4, 304, en referencia al código postal (08304) de este barrio de Mataró, una ciudad de 130.000 habitantes al norte de Barcelona. Para este Mundial, incluso ha estrenado una cinta en la que se lee "Rocafonda".

"Lo hace por el país, pero también por los del barrio. Nos representa, a los que somos pocos, y nos hace grandes. Ahora todo el mundo conoce el barrio. Antes se decía que aquí había mucha delincuencia, pero ahora la gente ve la realidad, vienen a hacer reportajes y entrevistas", afirma Moha, de 14 años, con una madurez sorprendente. Él no lleva la camiseta de la estrella local, prefiere la de Neymar en Santos, el ídolo de Lamine Yamal, pero los más pequeños llevan casi todos la camiseta azulgrana del Barça con el dorsal 10 que ha heredado el joven de 19 años esta temporada.
"Hacía cosas que no veíamos en nadie más"
Una trayectoria totalmente increíble para Ayoub, de 20 años y solo uno menos que Lamine Yamal, con quien pasó muchas horas en ese asfalto abrasado por el sol: "Las veces que venía, los fines de semana, siempre jugábamos juntos. Ya se veía la calidad que tenía, no podíamos hacer nada contra él. De pequeño, ya sabíamos que iba a jugar en el Barça, se notaba. Pero no que iría tan rápido. Hacía cosas que no veíamos en nadie más, no era normal. No podíamos hacer nada contra él". También recuerda haber jugado contra Pau Cubarsí cuando jugaba en el club de Rocafonda, y guarda el mismo asombro: "Tenía 15, 16 años y jugaba como si tuviera 28. Eso casi nunca se ve".

Hace tres años que no ve a su amigo, consciente de que es casi imposible que quien ahora es una estrella mundial vuelva a su barrio de origen, donde aún viven su tío y su abuela. Hoy, Ayoub se conforma con brillar bajo la mirada de Lamine Yamal: "Desde que pusieron este mural, he visto a cada persona que venía a jugar aquí, o simplemente a pasar, hacerse una foto delante. Mucha gente viene los fines de semana a jugar un partido contra el equipo del barrio y se va con sus fotos". Lo que ha construido Lamine, para él, va más allá de los títulos: "Tener un ídolo como él es importante para los jóvenes que crecen aquí. Es un ejemplo claro de lo que se puede llegar a ser, un chico del barrio convertido en estrella mundial".

En Rocafonda, más que en ningún otro sitio de Cataluña, se vibra con "la selección de Lamine Yamal", como bromea el alcalde de Mataró en redes sociales. En ventanas y balcones ondean banderas de España, en apoyo a la selección nacional. "Nosotros, los del barrio que lo conocemos, sabemos que siempre ha querido representar a España, pese a las dudas que algunos han expresado sobre él", recuerda también Ayoub.
"Se habla más de Rocafonda que de Mataró"
Ese orgullo de pertenencia va mucho más allá de los límites de Rocafonda. A pocos metros del campo, Carolina toma un Fanta en un bar de barrio donde los más mayores se refugian dentro para disfrutar del aire acondicionado. "Ahora, cuando viajamos, decimos que somos de Rocafonda, el barrio de Lamine Yamal, y todo el mundo lo conoce, cuenta. Se habla más de Rocafonda que de Mataró". Ese orgullo se nota también en los bancos del instituto, como cuenta su marido Xavi, profesor de latín en Rocafonda: "A menudo los alumnos vienen con camiseta de fútbol. Todos vienen con camiseta, sea del Barça o de la selección, todos, el 100 %, llevan el nombre de Lamine Yamal". "Sobre todo la blanca", precisa, en referencia a la segunda equipación de la Roja.

Pero esta nueva luz no basta para borrar lo que Rocafonda ha perdido en los últimos 20 años. "Pasó de ser un barrio que lo tenía todo, a un barrio que ha perdido muchos comercios, muchas cosas", recuerda Carolina. Xavi completa el panorama con una visión menos gloriosa, hablando de disparos y episodios de violencia que han marcado algunas zonas del barrio, sobre todo cerca de la calle Pablo Picasso, citada por varios vecinos como la zona más conflictiva. Los habitantes se han movilizado con una recogida de firmas para pedir "más presencia policial, más inversiones" y consideran que la popularidad que ha traído Lamine Yamal les permite "tener más voz".
En Rocafonda, la política es un tema tabú, la vida ya es bastante dura como para meterse en las disputas "personales" de los políticos o en el debate sobre el independentismo catalán, muy poco presente aquí. El 56% de la población local se abstuvo en las últimas elecciones al parlamento de Cataluña, mientras que la abstención global en Mataró no supera el 44%. "Se habla mucho de Lamine Yamal, pero económicamente todavía no hay muchos beneficios visibles. Aún no hemos visto una inversión directa suya en el club de Rocafonda ni en ningún otro sitio. Pero quizá eso llegue", opina Xavi.
Licencias demasiado caras, sin coche, sin luz
Esta realidad económica la vive muy de cerca Elisabeth, la madre de Aarón, cada fin de semana. No ha podido volver a inscribir a su hijo en el CF Rocafonda, el club del barrio: sin coche, no podía llevarlo a los partidos fuera de Mataró los fines de semana. Por eso, Aarón juega ahora en el equipo de futsal de su colegio, donde los partidos son solo entre clubes de Mataró y se puede ir en autobús. También cuenta que en el CF Rocafonda, a veces, algunos niños son excluidos de los entrenamientos a mitad de temporada si sus padres no han pagado a tiempo la "cuota", la aportación que hay que abonar entre el 1 y el 5 de cada mes. "Me parece que no es normal, porque no son los niños los que deben preocuparse por los problemas económicos de sus padres. No les corresponde a ellos pagar las consecuencias". Recuerda que, con la creciente fama de Lamine Yamal, los padres del barrio ya temían una cosa: "Van a volver a subir el precio de la licencia". Y así ha sido.

Elisabeth también espera, muy concretamente, algo de las autoridades: "El ayuntamiento debería dar más oportunidades a los niños, un campo cubierto de verdad, para que puedan jugar incluso cuando hace tanto calor como ahora. Porque hoy en día los clubes son caros. Aquí, a veces, ni siquiera hay luz por la noche. Se ven los focos ahí, pero no funcionan".
Elisabeth se siente especialmente identificada con la relación que Lamine Yamal tiene con su madre. "Como madre soltera, me siento muy orgullosa de que hable tan bien de su madre", confiesa. Su padre también lo respeta, pero sobre todo es hacia su madre que tiene ese reconocimiento, por todos los esfuerzos que ha hecho". Entiende perfectamente también las dificultades para pagar la cuota mensual que debió vivir su madre y espera que su situación encuentre eco entre los suyos.

También sueña con que algún día haya un Campus Lamine Yamal o una iniciativa similar en Rocafonda, o al menos que financie un autobús para que los niños cuyos padres no tienen coche puedan seguir jugando en el club del barrio. Sin embargo, es realista: Lamine "no le debe nada" a su barrio, "no está obligado a nada", y no quiere añadir más presión a la que ya soporta cada día. Para ella, el fútbol sigue siendo, ante todo, una forma de mantener ocupados a los jóvenes de Rocafonda, de permitirles soñar con ser como él y de alejarlos de tentaciones peligrosas.
"Si gana el Mundial, espero que vuelva a Rocafonda o que haga algo por el barrio"
Ayoub, por su parte, lleva la conversación a una realidad más amplia que la del club de fútbol: la de un barrio donde cada día hay que luchar para llegar a fin de mes. "Es un barrio expuesto al riesgo de pobreza, un barrio donde la gente se levanta cada día para buscarse la vida. Es un poco como las banlieues en Francia", resume. "Por eso, al hacerse mediático, al hacerse famoso, Lamine cambia la imagen del barrio: pasamos de ser un barrio marginal, pobre, a ser el barrio del mejor jugador del mundo". Un cambio de imagen, dice, pero que todavía no sustituye las inversiones que Rocafonda reclama para sus vecinos más vulnerables.
A pesar de todo, hay una esperanza común, casi unánime, de cara al domingo. En el Parc Central de Mataró se instalará una pantalla gigante para ver la final con todo el barrio. "Espero que España gane, que marque un gol para Rocafonda y que lo celebre con el gesto del 304. El ambiente aquí con el Mundial es muy intenso, hay mucha presión", se entusiasma Mahamadou, que con 15 años dice tener aún "la esperanza" pero ya no "la posibilidad" de vivir una trayectoria como la de la estrella local.
Y más allá del trofeo, hay un deseo íntimo que recorre todas las conversaciones: ver volver a Lamine Yamal, aunque solo sea un momento, para celebrar con los suyos. La última vez que Rocafonda lo vio por el barrio fue para un anuncio de la Kings League. Entonces, la noticia de su presencia se difundió como la pólvora, provocando un despliegue de seguridad sin precedentes. En su ausencia, el bar de su tío, llamado "Bar familia LY 304", se ha convertido en el punto de encuentro de todos los fans de la estrella de Rocafonda. Un bar que, por cierto, está cerrado esta semana de julio: Abdul, como el resto de la familia Nasraoui Ebana, ha viajado a Estados Unidos para vivir la final del Mundial.

Algunos quieren creer que, si hay título, Lamine Yamal podría aparecer en la ciudad el 25 de julio, fecha en la que Mataró celebra tradicionalmente su Fiesta Mayor. "Si gana el Mundial, espero que vuelva a Rocafonda o que haga algo por el barrio", desea Ayoub. Mientras tanto, en los escalones del city con porterías sin red, la frase grabada en el cemento recuerda una realidad que ni un gol en la final ni un gesto con los dedos podrán borrar. Pero, por una noche al menos, en Rocafonda bastarán tres dedos, un cero, cuatro dedos. 304. Como una promesa cumplida con su barrio, al que ha puesto en el mapa mundial.
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