Centro de datos del AEK de Atenas - Real Madrid
El infierno griego, además de dibujar un extraordinario y sonoro ambiente, puede empequeñecer incluso al monarca de Europa. Mejor dicho, puede hacer creer a los jugadores locales que son mejores de lo que realmente son. Es el temido primer cuarto de hora para el que siempre hay que prepararse en Atenas. El enrachado Madrid, con sus seis victorias consecutivas, intentó minimizar su efecto con un ritmo de paseo dominical en barca. La réplica del AEK fue temible y estruendosa.

Primero, un error de Militao, titular seis meses después, rejuveneció varios años a Jovic y a Majer, que permitieron que Gacinovic retara a Courtois. No fue esa la única parada del belga en los primeros compases. La segunda fue sencilla, aunque tras un golpe franco en el que tres griegos se quedaron solos para rematar. Y la tercera, otro pie salvador, de portero de balonmano, a tiro de Jovic. El problema fue que, entre el segundo y el tercer remate, el AEK marcó un gol. Un derechazo salvaje, armado sin prácticamente espacio, a una velocidad que ni el gran Thibaut fue capaz de intuir. A los 11 minutos, Koita celebraba enloquecido el 1-0.
En los blancos se echaba de menos la creatividad de Güler, la perpendicularidad de Diomandé por la izquierda, donde estaba un Vini de nuevo insignificante, y una mayor intensidad en los duelos. Hasta la ausencia de Tchouaméni se notaba. Atenas no es Roma, pero se asemejó a lo del Olímpico durante muchos minutos, como cuando Gacinovic parecía Zidane haciendo lo que quería, cuando quería y donde quería.
BellinGOL
El ritmo, en todo caso, era insostenible en el tiempo y poco a poco el AEK fue cediendo en su empuje, intentado recargar energías, a la espera de cazar alguna buena contra. En esas, Vini por fin se atrevió a encarar y a chutar tímidamente, y a Bellingham le anularon un gol por fuera de juego. No quedó conforme el inglés, que comenzó a tocar más balón, omnipresente, ayudando en la construcción y aprovechando su magnífico sentido de la percepción y su exquisitez técnica para, esta vez sí, marcar un gol legal, de tacón, que cambió todo.
Con el inglés enchufado, el Madrid volvía a ser el Madrid. Encerró al rival, que se protegía con dos líneas de cuatro muy juntas, intentando alejar a Brignoli de las fauces blancas. Le faltaba precisión, algo de creatividad también, desborde, pero a veces es necesario madurar la acción, ir mermando la confianza enemiga para derribar el muro, ser pacientes. Por eso tendrían que esperar a la segunda mitad. O ya al final del partido.
Le costó y mucho a los blancos. Lo intentó de lejos con Militao y, sobre todo, por la derecha con Diomandé, y de cerca con Mbappé. Un centro del francés le llegó nítido a Cucurella para colocarlo en el fondo de las mallas. Parecía gol o gol. Sin embargo, milagroso apareció Rota para sacar el remate del campeón del mundo casi bajo palos.

El AEK vuelve a encender el fuego
Los minutos pasaban y el empate inquietaba a Mourinho, que tiró de Valverde y de Endrick, sus primeros movimientos con menos de media hora por delante. Por entonces, los helenos habían recuperado fuelle, alimentados por su buen hacer defensivo. Por momentos, el choque se abrió, alternándose los ataques. En ese cuerpo a cuerpo suele salir ganador el Madrid. Más en Champions. Pero en esta ocasión, tentó a la suerte en demasía. Y en una contra de un correcaminos como Koita, apareció finalmente Pilo en el lugar oportuno para superar a Courtois y anotar el 2-1.
Se le ponía cuesta arriba a los merengues el partido. Pero es que les va el morbo, les gusta meterse en un avispero, que les piquen y a partir de ahí reaccionar. Tres minutos después, una asociación de Bellingham y de Dumfries acabó con Mbappé celebrando el empate en el 77, rematando el centro del neerlandés en el segundo palo.
Inconformista, el Madrid se lanzó a por el tercero de inmediato. Lo tuvo Dumfries en un balón suelto en el área a la media vuelta, pero reaccionó ágil y rápido Brignoli. Como también Mbappé enviando un disparo al larguero tras un contragolpe bien conducido por Endrick, y que rechazó con la yema de los dedos el meta local. Además, entró Carlos Espí al campo.
De nuevo como en Roma, de nuevo como en tantas y tantas ocasiones, en el reino del caos, los madridistas se sintieron fuertes, convencidos de que lograrían una nueva remontada. Y ahí apareció uno de los más necesitados, Fede Valverde, jugando como centrocampista, el que recuperó un balón en la frontal y el que, después de unos segundos, sacó un martillazo en el 90+1 que se convirtió en el 2-3 y en la cuarta victoria consecutiva en la Champions.
El Halcón blanco, que había partido del banquillo tras perderse el duelo ante el Racing de Santander, se mostró con frescura y, tras su gol, fue engullido por sus compañeros para celebrarlo. No era para menos. Porque vale como lateral, vale como medio centro y vale como goleador. Y eso que el mejor fue Bellingham...

Jugador Flashscore del partido: Bellingham (Real Madrid).
