El Getafe vuelve a ser europeo. El equipo madrileño resistió en la caldera de Belgrado, administró la ventaja obtenida en el Coliseum y superó una eliminatoria exigente ante el Partizan. La derrota por 2-1 en Serbia no empañó el balance global: el 4-3 del cruce confirmó el regreso azulón a una competición continental seis años después de su última aventura.
La eliminatoria retrató muchas de las virtudes recuperadas durante el nuevo ciclo de José Bordalás. El Getafe fue agresivo y contundente como local, donde construyó una renta de dos goles, y posteriormente supo competir en un escenario hostil, con 30.000 aficionados empujando al conjunto serbio. No necesitó dominar todos los momentos para sentirse dentro del partido: entendió qué exigía cada tramo y encontró en Enes Ünal, autor de dos goles en el cruce, a su figura decisiva.
La defensa sostiene al Getafe
El manejo defensivo volvió a ser la base de su clasificación. En Belgrado, el Getafe protegió su área con una línea de cinco, acumuló futbolistas por dentro y obligó al Partizan a atacar muchas veces desde posiciones exteriores. Djené sostuvo la estructura, David Soria respondió cuando fue exigido y el equipo defendió durante largos periodos sin perder la concentración, incluso cuando quedó encerrado cerca de su portería.

Bordalás también corrigió sobre la marcha. La amarilla de Saba Sazonov y los problemas sufridos durante la primera media hora llevaron al técnico a introducir a Andrés García en el minuto 37 y reajustar la organización defensiva. El Getafe concedió ocasiones y recibió dos goles, pero nunca se descompuso por completo: redujo espacios, protegió la ventaja global y convirtió la resistencia en una herramienta competitiva, aunque el final resultara angustioso.
