La noticia fue impactante y acrecentó la incertidumbre que la afición americanista vive en este inicio del Clausura 2026, donde en tres partidos no había ni siquiera anotado un solo gol. Previo al partido frente a Necaxa, el compromiso que implicaba volver a ganar terminó perdiendo la mínima importancia que tenía cuando se anunció el adiós de Álvaro Fidalgo.
La figura preponderante de la época más gloriosa del América en los últimos tiempos decía adiós de una manera imprevista y sin que casi nadie pudiera pronosticarlo, dejando huérfana a una afición que había conquistado con la pelota de por medio, desde un mediocampo virtuoso que creo a partir de su sapiencia.
La vuelta a España
Atrás quedará para siempre un tricampeonato brutal en la rica historia de un club que presume ser poderoso. Fidalgo vino a México desde el olvidado Castellón de la segunda española sin imaginar lo que le esperaba. Pronto, al segundo partido, supo que su proceso formativo iba a marcar diferencia.
Con la disciplina aprendida en casa, se comprometió a ser uno más y pronto se convirtió en un líder de pocas palabras pero precisas que lo veía todo desde su visión periférica. Desde él ocurrió todo y ahora, con su partida, los suyos, los que adoptó como propios, sienten un vacío que se antoja difícil de llenar.
Su destino parece estar entre dos clubes: Real Betis y Real Sociedad. Dos equipos donde el desarrollo de talento está probado. En donde elija jugar, Fidalgo estará bien resguardado por un sistema y un equipo donde pueda aportar todo lo que ha construido en los últimos años en México.
Consciente de la importancia del sentido de pertenencia, hace mucho dijo que en México no jugará en otro club que no sea América. Nadie duda de ello. Su legado quedará escrito en piedra volcánica y en el recuerdo de toda el fútbol mexicano. Para la posteridad quedará aquella época, durante la segunda década del nuevo siglo, en la que había un español por el que valía la pena pagar una entrada por verlo jugar.
“Feliz 109 aniversario, Club América. Gracias por tanto“, escribió Fidalgo en 2025, para celebrar un año más de vida de Las Águilas. Una frase que hoy queda como un pacto eterno con el americanismo, una filosofía que lo habrá de recordar para toda la vida.
