Con un guion de partido que estaba previsto desde el análisis previo al duelo, Corea del Sur y República Checa salieron esta noche de jueves a la cancha del Estadio Guadalajara para adecuarse a la narrativa que todos imaginaban, logrando hacerse daño, pero con los Tigres de Asia obteniendo una victoria merecida.
En una emotiva noche en la capital de Jalisco, que vivió el tercer Mundial en su historia, Corea tomó la pelota con toda la movilidad de un sistema aceitado tras una eliminatoria invicta e impuso condiciones durante todo el partido, a pesar de estar unos minutos abajo en el marcador, con una República Checa pragmática con su bloque bajo y su manera de vivir de la pelota parada.
Dos estilos anulados
Sin ganas de traicionarse por miedo al rival, Corea del Sur estableció una movilidad en el frente de ataque digna de estudio. Con la clara táctica de aprovechar espacios a partir de un centro delantero movedizo, el cuadro asiático intentó hacerle daño pronto a una República Checa que supo aguantar agazapada durante el primer tiempo.
Y aunque Kang-In Lee -el jugador del partido- construyó el ataque surcoreano con la misma dinámica con la que suele jugar en el Paris Saint Germain, la línea de cinco pragmática checa supo aguantar y no caer en la tentación de dejar espacios libres creados desde la intensidad propositiva asiática, siempre con el balón de por medio.
Conscientes de la desventaja que tenían respecto a su rival e incapaces de traicionar lo que los había llevado hasta la Copa del Mundo, los checos no perdieron la cabeza e intentaron aprovechar cada pelota parada que el juego les presentaba. Una manera de ser que adoptada hace medio año, cuando se quedaban sin posibilidades de calificar al Mundial y lograron darle vuelta a su realidad.
Con más sabor táctico que emocional, el primer tiempo se diluyó en el choque de dos estilos que terminaron anulando, para fortuna de los europeos, quienes se fueron al descanso satisfechos y con la misma idea clara de aprovechar una pelota parada, en medio de la frustración surcoreana que se supo mejor, pero que se quedó con las manos vacías.
Premio a la paciencia surcoreana
Motivados por salir airosos de una primera parte agitada, República Checa salió a la segunda parte sin levantar las velas, pero sí con la idea clara que, entre la frustración asiática por verse con las manos vacías, iba a a haber una oportunidad que había que aprovechar. Una lectura propicia, gracias al conciso cabezazo que terminó en gol de Ladislav Krejcí al minuto 59. El defensa central por izquierda, que tiene el don de convertirse en un arma poderosa en pelota parada o, como ocurrió esta noche, en un largo saque de banda.
Con el estilo dando resultados, los europeos modificaron pronto para darle frescura a su planteamiento e impulsados por el ingreso de Hwang Hee-Chan, el poderoso delantero del Wolverhampton, para instaurar un doble nueve junto a un cansado Heung-Min Son. Fue entonces cuando los Tigres de Asia presentaron la mejor virtud de la noche: una paciencia a prueba de desequilibrios emocionales.

Aferrando a la movilidad caótica y a la vez ordenada de su frente de ataque, Lee metió una pelota de ensueño para Hwang In-Beom, quien metió un amague inolvidable que dejó bailando al arquero y dos defensas, para luego solo tener que empujar la pelota a una portería vacía que hasta hace pocos minutos parecía impresentable.
El impulso de la anotación fue combustible que se potencializó con un gol anulado a República Checa (otra vez a pelota parada) por un claro fuera de juego al 78'. Dos minutos después, con el movimiento creador de espacios en el área rival como carta de presentación, un desborde majestuoso por el lado derecho terminó en el gol del triunfo asiático anotado por Oh Hyeon-Gyu, quien había entrado por Son.

El desenlace del partido fue el caos emocional que todo aficionado neutral espera ver en una Copa del Mundo. Ya con República Checa desarmando su línea de cinco atrás y apoderada por el mero impulso, Corea del Sur supo aguantar dos embates que dejaron atajadas memorables de Kim Seung-Gyu al 81' y al 93'. Un final digno de las lágrimas de felicidad que rodaron en el banco de los Tigres de Asia al acabar el partido.
