El exjugador y capitán de los Diablos Rojos está sentenciado después de ver cómo su equipo ha sido arrollado en casa por Bournemouth. Otra vez.
Después de las declaraciones de Lisandro Martinez y Bruno Fernandes, así como de las derrotas contra Como, Atletico Madrid, Brighton, Man City y Hull City, además de los empates ante Tottenham Hotspur, Leeds, Fulham y Everton, ya no parece quedar ningún sitio al que pueda ir Carrick.
Al menos, la afición todavía parece estar de su lado. Los seguidores le despidieron entre aplausos pese a la derrota contra Bournemouth, mientras los jugadores recibieron una sonora pitada del Stretford End cuando el técnico ya había desaparecido por el túnel de Old Trafford.
Los problemas van mucho más allá del banquillo
A pesar del apoyo de los aficionados, varios medios apuntan que Carrick será despedido este próximo fin de semana si United no logra derrotar a Chelsea en Stamford Bridge.
El conjunto de los Blues, que ha sido arrollado por Spurs en una de las mayores sorpresas de lo que va de temporada en la Premier League, podría ser un rival propicio.
En cualquier caso, ¿acaso Carrick no se convertirá simplemente en el último chivo expiatorio de los fracasos del club?
Ralf Rangnick acertó de pleno cuando dijo en 2022: «Está clarísimo. No es tan difícil. Ni siquiera hacen falta gafas para analizar y ver dónde están los problemas.
»Así que ahora solo se trata de encontrar la forma de resolverlos. Para mí, está claro que no basta con hacer pequeños retoques ni cambios cosméticos. En medicina diríamos que esto requiere una operación a corazón abierto».
Una política de fichajes deficiente
En los cuatro años transcurridos desde aquel sabio consejo del austríaco, United ha contratado de forma permanente a Erik Ten Hag, Ruben Amorim y Carrick, además de contar con Ruud Van Nistelrooy y Darren Fletcher como técnicos interinos.
La política de fichajes del club, tanto bajo la administración de los Glazer como bajo la de Sir Jim Ratcliffe y compañía, no está a la altura de un club del estatus de United. Además, la promesa de un «United del futuro» no es más que una operación de maquillaje por parte de los propietarios.
Aunque resulta fácil que figuras como Gary Neville, Roy Keane, Wayne Rooney y otras leyendas de United expresen sus opiniones, a veces sin ayudar demasiado, lo cierto es que a menudo no van desencaminados.
Los entrenadores no son más que los chivos expiatorios del malestar general que rodea al club y al vestuario, que parece carecer por completo de liderazgo.
No se puede dar carta blanca a los jugadores
Se podría argumentar que es responsabilidad del entrenador gobernar el vestuario y que, en el caso de United, debe hacerlo como lo hacía Sir Alex Ferguson: con mano de hierro.
Sin embargo, el fútbol ha cambiado tanto en un periodo de tiempo relativamente corto que hoy en día un enfoque así puede resultar contraproducente.
Eso tampoco significa que se pueda dar carta blanca a los jugadores.
En última instancia, la falta de dirección desde la cúpula, acompañada de una falta de inversión —que, en el caso de United, se debe a la deuda que arrastra el club por la propiedad de los Glazer—, acaba filtrándose hacia abajo.
Por tanto, Carrick, como sus predecesores, intenta trabajar con una mano atada a la espalda. Despedirle para traer al próximo chivo expiatorio no resolverá los problemas de los Diablos Rojos.
Hace falta una remodelación profunda
Aunque se puede entender en parte que el de Newcastle sea relevado de sus funciones si no logra ganar en Chelsea, ya que eso supondría encadenar nueve partidos sin conocer la victoria en todas las competiciones, una decisión así seguiría ocultando convenientemente los problemas de fondo.
La verdadera pregunta que debe hacerse es qué tendrá que ocurrir para que la directiva entre en razón.
¿Están tan obcecados y engreídos como para creer que las cosas van a mejorar por arte de magia sin una limpieza profunda y una revisión de todos los procesos y procedimientos, de arriba abajo?
No hace tanto tiempo que Sir Jim y su grupo INEOS eran vistos como los salvadores del club, un grupo de personas que por fin sería capaz de rescatar al primer equipo de años de decadencia, en términos relativos.
Está claro que eso no ha sucedido. Hasta que no tengan el valor de mirar hacia dentro y hacer algo tangible, la cadena de entrenadores seguirá entrando y saliendo con una frecuencia alarmante.
