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Han pasado más de siete años desde que João Félix jugó por primera vez en el estadio do Dragão, donde marcó y contribuyó a la victoria del Benfica, entonces entrenado por Bruno Lage.
Por aquel entonces, el delantero era señalado como una de las mayores promesas del fútbol mundial. En el horizonte se vislumbraba la lucha por el Balón de Oro con contemporáneos como Mbappé, pero pasaron los años y João Félix casi siempre fue solo eso: la etiqueta de una promesa aplazada que parecía perdida para siempre en los rincones del fútbol árabe.
La inversión del Atlético de Madrid copó titulares y puso muy pronto el peso de la responsabilidad sobre los hombros de Félix. Las declaraciones del internacional portugués nunca mostraron falta de confianza, pero su trayectoria en el fútbol europeo siempre dejó que desear.

En su currículum, eso sí, el internacional portugués, que ganó LaLiga con el Atlético, cuenta con pasos por clubes como Chelsea, Barcelona y AC Milan. Sin embargo, su trayectoria siguió casi siempre el mismo guion.
Durante el verano, Félix acaparaba titulares en la prensa y terminaba encontrando un nuevo rumbo para su carrera, después de una relación con Simeone que tuvo pocos momentos destacados y lo alejó progresivamente del Metropolitano. Los primeros partidos prometían, con goles y gestos técnicos al alcance de muy pocos, pero pasaban los meses y el portugués caía en el olvido hasta volver a cambiar de club.
En este carrusel que ha sido la vida de Joao Félix, su paso por Arabia Saudí llegó pronto en su carrera, pero no resultó sorprendente. A sus 25 años, el delantero todavía tenía mucho que ofrecer. Sin embargo, después de tantas experiencias fallidas y de la presión a la que se veía sometido en cada temporada, resultó natural que aceptara los millones árabes para jugar junto a Cristiano Ronaldo y ser entrenado por Jorge Jesus.
Sin embargo, y de forma inesperada, fue allí donde su carrera volvió a encarrilarse.

El milagro de Jesus
Dentro del terreno de juego, no sorprendió comprobar que la calidad de João Félix destacaría en el fútbol árabe, pero ese nunca había sido el problema del portugués.
En el fútbol europeo, pocos tienen las capacidades técnicas del exjugador del Benfica, un superdotado en el primer toque y en su relación con el balón. El problema de Félix estuvo muchas veces en conseguir unir de forma consistente esas cualidades con su actitud sobre el terreno de juego.

En una liga en la que el fútbol podía parecer demasiado fácil para un jugador como João Félix, ser dirigido por un entrenador como Jorge Jesus, exigente y metódico, supuso un paso importante en la recuperación de un futbolista que todavía está a tiempo de demostrar su valor en Europa.
El portugués se mostró muy crítico con los entrenadores, que a menudo decidían colocarlo en la banda izquierda, reduciendo así el espacio de un jugador que necesita libertad para mostrar su fútbol. Por eso, el 4-4-2 del ahora seleccionador nacional encajó como un guante en el juego de João Félix.
Con Jorge Jesus, asumió el papel de segundo delantero y, a la espalda de Ronaldo, se adueñó del fútbol saudí, llevando al Al Nassr al ansiado título con 26 goles y 18 asistencias en la temporada 2025/26.

Más allá de los números, el uso de Joao Félix en una posición más centrada le permitió volver a aparecer en distintas zonas del ataque y participar con mayor regularidad en la elaboración del juego. La libertad para acercarse a Ronaldo, buscar espacios entre líneas y aparecer cerca del área dio al portugués un contexto en el que sus principales cualidades volvieron a desempeñar un papel decisivo.
Así, los mejores números de su carrera fueron una prueba de la tan ansiada regularidad que buscaban Félix y los clubes que lo contrataron, convencidos de que el talento del jugador marcaría la diferencia, independientemente del sistema y del entrenador.
La dificultad pasó a ser otra: comprobar si ese rendimiento podía trasladarse a un contexto de mayor exigencia. El Mundial 2026 dejó algunas señales positivas, con Félix destacando en una campaña de Portugal por debajo de las expectativas. También mostró que el contexto colectivo y el uso del jugador seguían influyendo en su rendimiento.
Una vez más, Jesus apareció para reforzar el milagro.
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La selección de Joao Félix
Todavía no lo es, pero bien podría llegar a serlo.
En los últimos 20 años, Portugal siempre ha sido la selección de Cristiano Ronaldo, incluso después de la aparición de jugadores como Bernardo Silva, Bruno Fernandes y, más recientemente, Vitinha y Diogo Costa. Sin embargo, con la despedida de CR7 cada vez más cerca de convertirse en una realidad, João Félix puede asumir un papel protagonista en el ciclo que viene.
Los primeros indicios difícilmente podrían ser más positivos. Además de marcar tres goles en tres partidos (uno de ellos como suplente), Félix puso sus cualidades al servicio del colectivo y Portugal practicó, por momentos, el mejor fútbol de los últimos años.
El hecho de que haya marcado en tres partidos consecutivos por primera vez desde que llegó a la selección es otra señal de la regularidad que le ha faltado en distintos momentos de su carrera. Al mismo tiempo, su rendimiento reciente ayuda a explicar por qué la puerta de Europa puede volver a abrirse, pese a las dudas que todavía existen sobre la capacidad de Félix para mantener este nivel en un contexto de mayor exigencia.
En apenas un año, Félix ha demostrado ser demasiado bueno para el fútbol árabe, pero ahora es con Portugal y, de momento, en la Liga de Naciones, donde puede sumar argumentos para volver a estar en el radar de los grandes clubes. No solo para volver a jugar en la Liga de Campeones, sino también para conquistar los títulos que se le han resistido a lo largo de su carrera.
¿Conseguirá Jesus obrar este milagro una vez más?
