La selección peruana empieza a mirar más allá de los resultados inmediatos. Con el Mundial 2030 como horizonte, Mano Menezes busca ampliar el universo de jugadores y encontrar alternativas para una renovación que no se construye de un día para otro. En sus tres primeras convocatorias, el entrenador brasileño llamó a 33 futbolistas, de los cuales 17 tienen 25 años o menos. Es decir, el 51% del grupo pertenece a una generación que podría asumir un papel protagónico en el próximo ciclo mundialista.
La cifra invita a preguntarse si existe una base suficiente para construir un once competitivo con miras a 2030. Diego Romero, Matías Córdova, Diego Enríquez, Oliver Sonne, Erick Noriega, Marco Huamán, Matías Zegarra, César Inga, Alfonso Barco, Fabio Gruber, Matías Lazo, Adrián Quiroz, Piero Magallanes, Joao Grimaldo, Juan Pablo Goicochea, Kenji Cabrera y Bassco Soyer son los nombres que integran este grupo. Algunos ya tienen recorrido internacional; otros todavía necesitan consolidarse en sus clubes.
Cinco en Europa y varios caminos por recorrer
Uno de los aspectos que destaca es la presencia de futbolistas en el extranjero. Entre los convocados aparecen Oliver Sonne, en el Burnley de Inglaterra; Alfonso Barco, en el HNK Rijeka de Croacia; Fabio Gruber, en el Mainz 05 de Alemania; Joao Grimaldo, en el Sparta Praga de República Checa; y Bassco Soyer, en la estructura Sub 23 del Gil Vicente de Portugal. Son cinco experiencias distintas, con oportunidades y exigencias que pueden contribuir a su crecimiento.
Erick Noriega también representa un caso relevante. Tras su etapa en Alianza Lima, dio el salto al fútbol brasileño con Gremio, club al que llegó con la recomendación del propio Menezes. Gruber, por su parte, se ha convertido en una presencia habitual en las convocatorias, mientras que Barco busca relanzar su carrera en Croacia. Grimaldo continúa su recorrido europeo y Soyer, con apenas 19 años, aparece como uno de los proyectos de mayor proyección.
Sin embargo, jugar fuera del país no garantiza por sí solo un lugar en el futuro once titular. La continuidad, los minutos y el rendimiento serán determinantes. El desafío para esta generación consiste en transformar las oportunidades en experiencia competitiva y sostenerla a lo largo de las próximas temporadas.
¿Hay una base para el recambio?
El torneo local también ofrece alternativas. Matías Zegarra y Matías Lazo pertenecen a Melgar, mientras que Marco Huamán y César Inga han tenido participación en Alianza Lima y Universitario, respectivamente. Adrián Quiroz, después de su etapa en Los Chankas, se incorporó al cuadro crema. A ellos se suman futbolistas que todavía buscan un espacio estable en el fútbol profesional.
Por ahora, resulta prematuro hablar de un once Sub 25 consolidado. Hay jugadores con distintas trayectorias y niveles de madurez, y varios necesitan demostrar que pueden competir de manera sostenida en el máximo nivel. Las convocatorias de Menezes, en ese sentido, funcionan como una evaluación progresiva antes que como una confirmación de quiénes serán titulares en 2030.
El tiempo como aliado
En cuatro años, el escenario puede cambiar considerablemente. Los referentes actuales, como Yoshimar Yotún y Pedro Gallese, todavía pueden cumplir un papel importante mientras mantengan su nivel. Pero la selección necesitará que otros futbolistas lleguen al siguiente proceso con experiencia internacional, continuidad y capacidad para asumir responsabilidades.
Ese es el verdadero valor del 51% de convocados Sub 25. No significa que los 17 vayan a convertirse en la base de Perú para el próximo Mundial ni que todos logren consolidarse. Sí evidencia que existe un grupo amplio bajo observación, con el que el comando técnico puede trabajar y evaluar alternativas.
Menezes ha señalado que no llegó para revolucionar el fútbol peruano. La renovación, entonces, puede avanzar sin cambios drásticos, convocatoria tras convocatoria. La pregunta no es solo cuántos jóvenes aparecen en la lista, sino cuántos conseguirán sostener su crecimiento hasta convertirse en piezas indispensables.
El Mundial 2030 todavía está lejos. Para Perú, el reto es que quienes hoy son proyectos lleguen a esa cita como futbolistas consolidados y no como promesas pendientes de cumplir.
