Centro de datos del Alcaraz-Etcheverry
El tenista español venía de superar a otro argentino, Sebastián Báez, con suma facilidad en su estreno en la gira de tierra batida, a la que llegó con ganas después de hacérsele un poco larga la de pista dura (sucumbió ante Daniil Medvedev en las semifinales de Indian Wells) y cayó en su segundo encuentro del Abierto de Miami). El cambio de superficie, una que además se suele dar muy bien, trae consigo una aventura e ilusión renovadas.
Su segundo escollo en tierras monegascas, otro jugador al que se le da bien la arcilla y al que no le importa mancharse los calcetines (el mencionado jugador tenista ruso, por el contrario, reconoció en su día que prefiere otros terrenos por, en parte, dicho motivo). Martín Etcheverry llegaba a la cita dispuesto a hacer todo lo posible por complicar la vida al número uno del mundo después de ganar a Grigor Dimitrov y a Térence Atmane en eliminatorias previas.
En la manga inaugural, Alcaraz tardó muy poco en imponer su ley y en demostrar quién manda: rompió el servicio del contrario con un juego en blanco nada más arrancar y tardó menos de 26 minutos en adjudicarse el punto. No hubo sobresaltos ni amenazas, si bien tuvo que esperar a la cuarta bola para dar forma a un contundente 6-1 que invitaba a pensar que el resto del duelo iba a ser igual de sencillo y asequible. Nada más lejos de la realidad.
Alcaraz, más fallón de la cuenta
Todo cambió luego, y eso que el murciano disfrutó pronto de una opción de quiebre que no aprovechó. Minutos después, por el contrario, lamentó cómo Etcheverry se hacía fuerte en el resto por primera vez a lo largo de un choque en el que el 30º del ranking ATP dio un paso de gigante al repetir la jugada y colocar el 1-4. La alegría fue efímera para él, ya que Carlos reaccionó, comprimió la brecha y hasta amenazó con empatar. Finalmente, Tomás Martín forzó el tercer set (4-6).
Sin red ya, el de El Palmar sabía que iba a tener que recurrir a su mejor versión para deshacerse de su par. Y lo hizo, o al menos se acecó, para deleite de un público que seguirá disfrutando de los excelsos golpes de un maestro del tenis, cuyo repetorio mostró, aunque con algo más de irregularidad de la cuenta, este jueves. El nacido en La Plata, a remolque con un adverso marcador de 3-0, llego a dar el susto con 4-2 en contra, pero acabó sucumbiendo por 6-3.
El duelo se puede entender a la perfección a través de las estadísticas, pues C. Alcaraz protagonizó el triple de winners que su oponente (45 frente a 15). Este dato suele ser sinónimo de una victoria cómoda y asequible... siempre y cuando no venga acompañado de otro registro que lo neutraliza: el ganador del Abierto de Australia cometió 47 errores no forzados, una cantidad altísima en comparación a los 25 de M. Etcheverry.
