Centro de estadísticas del Olympiacos-Real Madrid
En un nuevo episodio de la eterna rivalidad de décadas entre Olympiacos y Real Madrid, en una nueva final, reedición de la de la última Euroliga, no hubo descanso desde el salto inicial. Se notó en la agresividad de ambos en defensa, en la lucha por los rebotes, en la intensidad en cada acción, en la tensión en los banquillos.

En el primer cuarto, un puntito más de cada apartado lo tuvieron los blancos, con ganas de revancha tras perder la final de Atenas. Acumularon hasta ocho pérdidas, cierto. Pero es el riesgo del baloncesto de Pedro Martínez. Nada que objetar, desde luego, si funcionan, como lo hicieron, los triples, la selección de tiro y los rebotes. A pesar de los ocho puntos del MVP Vezenkov, lo neutralizaron con un juego colectivo y solidario para llevarse el primer asalto por 15-24.
Con la aparición de Fournier en cancha, las fuerzas se equilibraron más. Pero en cuanto ajustaron piezas en defensa, de nuevo la ventaja subió como la espuma (32-42). El problema es que Tavares se cargó con la tercera falta personal y los griegos encontraron huecos en la zona donde antes los tapaba el caboverdiano. A Fournier le relevó Jean Montero como anotador. Y al ex del Valencia, Mbaye Ndiaye. Total, que al descanso se llegó con 43-47 y mejores sensaciones para los que iban abajo.
Un 7-0 de salida, con una hemorragia imparable de pérdidas de balón, hizo saltar por los aires la táctica del Madrid. El Olympiacos lo aprovechó para correr y hacer más sangre si cabe con cinco puntos arriba.
Deck puso con dos triples una primera tirita a la herida, llegando incluso a recuperar el control del electrónico. Las huestes de Georgios Bartzokas pisaron de nuevo el acelerador para escaparse otra vez, si bien ya enfrente habían aprendido a sufrir. Superado ese mal momento, el Madrid se las ingenió con Maledon, Jantunen y Pradilla, y sin Tavares, para volver a comandar y entrar al último cuarto por delante (72-75).
La dinámica había cambiado, desde luego. Y siguió tres minutos más con un 0-7 que puso un +10 en el marcador. Fue el 'momento Vezenkov'. El búlgaro, MVP de la Euroliga el pasado curso, ejerció como tal para mantener a su equipo en la final. Y a él se le sumó en esos instantes en los que la bola quema en las manos un tal Fournier, con sendos triples que pusieron a los suyos a tiro de dos. Pero no culminaron la remontada porque Jean Montero perdió una posesión clave.
En la siguiente acción, tras un tiro errado de Pradilla y un rebote ofensivo de Luwawu-Cabarrot, Feliz sí acertó para poner un 89-93 a 6.9 segundos. Ya a la desesperada, Vezenkov primero y Fournier después erraron dos lanzamientos exteriores y sólo con el bocinazo final pudo respirar y saltar de alegría el Real Madrid, el primer supercampeón de la historia.
Los MVP

